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Lluvia divina, divina lluvia

Cuando te toma por sorpresa una lluvia divina, divina lluvia. De esas que hacen sonreír inmensamente a tu espíritu, a un nivel que esa misma sonrisa se dibuja en tu rostro y la disfrutas tanto que no te importa llegar empapada a una reunión de trabajo.
 
De esas lluvias que traen ante ti tantas memorias, tantos viajes, tantos rostros, infinitos momentos, imborrables recuerdos. Las que mojan tu alma, conectándote con tu ninfa interna y te permiten reconocer seres que vibran en tu misma frecuencia.
Sin duda alguna, las personas mágicas son aquellas que disfrutan bailar y caminar bajo la lluvia.
 
¡Oh! esas lluvias que teletransportan tu alma a las inolvidables caminatas por La Gran Sabana, Caripe, Caracas, Auckland, Brisbane, Margarita. Las épicas como las que te retan remando por el Lago Sandoval, te agarran escalando en Kangaroo Point o subiendo hacia Pico Naigüatá. Las que te tomaron por sorpresa, pero que deseabas en secreto, en silencio… y sí, lo acepto, soy de las que anda caminando por la montaña o la selva generalmente deseando que llueva.
 
Pues sí, definitivamente, nada como llegar empapada a una reunión, que te vean con cara de «pues sí, ella está loca» y que estés taaan feliz que no te importe. Aceptémoslo, al final, parte de lo lindo de trabajar en conservación es que en el fondo sabes que a todos les ha pasado, lo han disfrutado e internamente quieren caminar también bajo la lluvia.
 
P.D: Y todo, al igual que los espejos de agua, empezó un 11:11 

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