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Un humedal

Le pregunté -¿qué aporto a tu vida?- Y no supo responder, porque no se trataba de algo material, todo era sutil.

Se trataba de apagar los incendios al conectarle con su respiración. Explorar los puntos de tensión donde se acumulaban las frustraciones y los miedos. Despertar aquello dormido o herido con palabras, miradas, abrazos e infinitos besos. Conectar con su energía para construir un espacio de confianza, tranquilidad y seguridad.

Eso era lo único que hacía, sólo prestaba servicios ecosistémicos, transformaba su energía como si fuera un árbol, le purificaba como si fuera un humedal. Y como bien sabemos, en una sociedad donde el tiempo vale oro y el oro vale más que el agua, ese tiempo de transformación aportaba “nada”.

Sin embargo, siempre pude agradecer el descubrir que ya no era un árbol, que me había convertido en un humedal; mi capacidad de amar y transformar se había expandido.

El origen de los sueños

Desde pequeña los Andes y la Amazonía confluyen en mis sueños, el llamado de la montaña y la selva palpita en mi corazón.

Ahí, en esa confluencia, encuentros anhelados abren espacio a la expresión de un infinito sentir. Expresiones nobles, sinceras e ingenuas honran la pureza del ser y se guardan cálidamente en una sonrisa, en un abrazo y en un café. A veces son expresiones que se guardan en una mirada a través de paredes que simulan ser hielo, porque tal vez -sólo tal vez- aceptar los cambios y honrar los sentimientos genera mucho miedo.

Un retorno al origen de los sueños permite reflexionar, ver al cielo con estrellas y a la luna brillar. El alma se nutre, la creatividad florece, y cuando por fin das por finalizado ese ciclo del camino, el universo coloca en tus manos aquello que en un momento tanto se anheló, aquel primer gesto que tanto amor generó: un lugar sagrado delineado en tonos plateados.

Y es así como aquello que siempre significó la entrega al sentir, se ha manifestado en palabras que nunca pensaste se podrían decir. Y así fue, aquel primer gesto que tanto amor generó, y el universo en mis manos otra vez colocó, sigue significando la entrega a un hermoso sentimiento y la certeza de honrar el origen de mis sueños. Un lugar sagrado: mi corazón.

El nacimiento de un viaje

Escuchaba y leía con frecuencia sobre ese increíble lugar, así que un día me decidí y le dije a mi compañero de viajes “salgo para allá en 6 meses”. Lo dije deseando que me quisiera acompañar, pero sin la seguridad de que pudiese hacerlo.

Durante ese tiempo me dediqué a ahorrar, a armar el equipo y la ruta. Iríamos como mochileros, ya que era un viaje muy exigente para el carro que tenía en esa época. La selección de lugares a visitar estaba definidapor aquellos donde pudiésemos acampar y cuya distancia entre uno y otro no superara los 7Km. Informamos del plan a personas clave para que nos acompañaran y 3 de ellas se animaron.

Así nació ese primer viaje al Parque Nacional La Gran Sabana, majestuoso lugar que me brindó un primer acercamiento a la tierra de los Tepuyes y que nos recibió con una cúpula de infinitas estrellas acompañadas por el sonido de la Quebrada Pacheco.

La naturaleza, así como el amor, sólo se entiende al contemplarla, al sentirla, al vivirla. Puedo escribir miles de historias y las palabras nunca me alcanzarán para expresar todo lo que ella genera en mi alma. Sin embargo, seguiré intentando narrar una ínfima parte de ese senti

Una pausa

Me decía “no deja de asombrarme cómo mi vida ha cambiado”. Seguramente tenía cara de estar perdida como ya se hace costumbre, pero intentaba disimularla resguardándome en una pequeña fuente de soda que conseguí. Sin duda alguna mi acento y cara de resignación por tener que esperar a la reunión pautada fue muy evidente, así que tomé asiento para degustar el café.

El lugar era atendido por el señor Pedro José, quien me pidió que lo llamara Pepe. Me comentó que parecía común que las “chamas” tomaran café caliente (sin azúcar) así hiciera calor. Me dio risa que me llamara “chama” con tanta naturalidad y su comentario me hizo recordar la cara de sorpresa del Jefe de Paracas cuando luego de un almuerzo, mientras estuve como voluntaria en la Reserva, le pregunté si quería un café. Imagínense un café caliente a mediodía en medio del desierto, creo que la explicación a ello es genética: soy hija de Braulio.

Conversamos poco más de una hora, entre las pausas propias de las responsabilidades que cada quien debía atender.

Moraleja impulsiva…

Esta es la Latinoamérica que amo profundamente, donde un pequeño y sencillo lugar, en cualquier ámbito desconocido, te hace sentir en paz y segura. Donde se generan diálogos amenos para compartir diferentes puntos de vista con respeto, honestidad y sin agendas ocultas o imposiciones jerárquicas.

Esa es la realidad en la que deseo vivir y la burbuja que busco expandir.

Espejos de agua

Desde el 2001, los 11 de noviembre han sido fechas especiales para mi, la mayoría de las veces han marcado un punto de quiebre para manifestar situaciones inesperadas, siempre me conectan con espejos de agua. Hace tres años estaba en el World Park Congress en Sydney, anonadada, expandiendo mi visión sobre la conservación, conectando con quienes hoy son seres importantes en mi vida.

Un año después me tomaban esta foto, a mi regreso de un viaje relámpago que hice a Copacabana – Bolivia, donde el Titicaca marcó el inicio de un proceso de enfrentar miedos para sanar, crecer y transformarme.

Hoy llega nuevamente esta fecha, la cual (como siempre) pronostica un nuevo capítulo. Feliz 11-11 a todos.

El despertar de un sueño

Nuevamente llega el primero de junio, uno de esos días donde observas en retrospectiva lo vivido desde la misma fecha del año anterior. Observas ese punto de referencia, todas las experiencias del último año, de los últimos dos o tres años. Luego dedicas tiempo a observar conscientemente tu respiración, tu presente, tu aquí y ahora. Repentinamente despiertas, te felicitas por los logros y te dices “3 junios han sido suficiente”.

En ese momento entiendes que el miedo se esfumó, que un nuevo sueño se está gestando, has vivido esa sensación muchas veces, pero ahora te reconoces sintiendo una profunda certeza, podrías llamarlo intuición o de otra manera (eso es lo de menos), el hecho es que no lo puedes evadir más, es hora de #CreerparaCrear

Soltando desde mi burbuja

Ese día decidí entregar aquello que tanto me costaba soltar, lo hice como un reto personal para dar un poco más de lo que la vida constantemente me exige. Y es que así lo siento, es un constante soltar, incluso en esos momentos cuando el corazón (por amor, apego o costumbre) te grita no hacerlo. Entonces decido soltar más de lo que me pide la vida para ver si en algún momento ésta deja de ser tan exigente. Lo entrego todo, lo doy todo, tal vez así algún día (la vida) entienda que pase lo que pase no me conformo con amores a medias, con pasiones a medias, con sueños a medias.

Suelto una y mil veces hasta que se manifieste lo deseado, empiezo desde cero una y mil veces hasta cumplir con las expectativas de mi sueño.

FTS, esta es mi burbuja y soy feliz en ella, sí o sí.

P.D: Cabe acotar que estoy muy feliz y agradecida, pero es bueno tener algunas cosas claras en la vida, porque simplemente no me conformo con las cosas a medias

Rendida ante lo que siento

Respiro, siento y sonrío.

Observo la marea de emociones que me genera y sólo me queda reír y agradecer por sentir tanto y tan intenso. Es bello el proceso, me inspira y me ayuda a crear. Respiro, siento y sonrío.

Mis sueños son cada vez más vívidos, hay tanto por explorar en ellos. Anoche, nadé en un agua que temí por mucho tiempo, incluso pude ver a la altura de mis pies aquello que me causaba temor en sueños anteriores, y no me importó; lo vi, lo sentí, incluso lo pateé inconscientemente. El miedo había desaparecido.

Luego te encontré sin buscarte, como en tantos sueños últimamente, como en esta realidad que se repite una y otra vez. Y así como apareciste, desapareciste, como en tantos sueños también, como en esta realidad también.

Estaba tranquila y feliz… Sigo tranquila, feliz y enamorada.
Enamorada de este sueño, de una clave, de una realidad.

Remando por el Lago Sandoval

La Reserva Nacional de Tambopata (Perú) es uno de los lugares con mayor biodiversidad del mundo, lo que podría traducirse a que hay muchísimas más posibilidades de ver diferentes especies en un corto recorrido a través de este lugar en comparación con otras áreas naturales. Para ejemplificar, puedo decir que con sólo caminar unos pocos metros hacia la entrada oficial de la reserva logré captar imágenes de monos, varias especies de mariposas, escuché algunas aves y visualicé algunos reptiles.

Ahondándome un poco más en esta área natural protegida, es donde comienza la aventura que les quiero narrar; estimados lectores es necesario acotar que la Reserva Nacional de Tambopata es parte de la Amazonía peruana (es selva).

Remando por el Lago Sandoval

Luego de hacer un primer recorrido remando por el Lago Sandoval, donde tuve la oportunidad de coincidir con compañeros de camino, entre ellos Pocahontas, tenía que completar mi misión: tomar fotos de especies claves para los objetivos de conservación en esta área natural protegida, en especial de lobos de río. Así que avanzada la tarde e ignorando la posibilidad de que empezara a llover, me dispuse a iniciar un segundo recorrido por el lago en compañía de alguien a quien llamaré “la investigadora”, ya que no le he pedido permiso para publicar su nombre.

Inicia la aventura

A los pocos minutos de iniciada la travesía, le pregunté a la investigadora si se sentía cómoda con la idea de que nos alcanzara la lluvia en el lago, a lo que dio su visto bueno. Quienes me conocen saben que me encanta mojarme bajo la lluvia sobretodo si estoy inmersa en la naturaleza, así que al escuchar su respuesta se dibujó una enorme sonrisa en mi rostro, la cual estuvo acompañada por un comentario que hice sin mala intención, pero que (al parecer) el universo tiende a interpretar como osadía, dije: perfecto porque no le temo a la lluvia.

¿Les comenté que estaba en unos de los lugares con mayor biodiversidad del mundo?

Hago nuevamente la acotación porque a los pocos minutos de continuar con la travesía visualizamos un caimán a pocos metros de nosotras, bastante grande para mi poca experiencia en el tema. Obviamente, yo estaba feliz de poder contemplarlo aunque no haya podido sacar un buena fotografía de él.

Minutos después, y como era de esperarse, el universo decidió enseñarme nuevamente que debo ser más cuidadosa con mis palabras; así que el cielo empezó a oscurecerse cada vez más mientras empezaba la lluvia, augurando que lo bueno apenas comenzaba. Ante esta realidad decidimos abortar la misión e iniciar el retorno; soy aventurera, pero con cierto nivel de sensatez. Digo “cierto nivel de sensatez” porque para ese momento ya era un poquito tarde, una tormenta eléctrica estaba iniciando.

Bajo la tormenta eléctrica

Remábamos a un ritmo constante y fluido hasta que la corriente decidió cambiar el rumbo de nuestra embarcación, sin embargo logramos mantener el curso hacia lo que aparentemente debía ser nuestro destino final. Mientras avanzábamos y como en una especie de toma cenital (desde arriba, como si me observara desde el cielo) veía nuestro bote, y a nosotras, como el punto más alto en medio del lago. Ese punto que podría ser tomado por un rayo como su conexión más fácil para llegar a tierra.

Como consecuencia de la fuerte lluvia, a partir de este punto no hay más fotos

Mientras remaba con los rayos cayendo a nuestro alrededor, recuerdo haber pensado: ¿por qué? ¿por qué me encuentro nuevamente en una situación de riesgo en medio de la naturaleza?, mientras una sonrisa en mi rostro acompañaba memorias de experiencias similares que en su momento les contaré; eso sí, sin duda alguna la actual historia que se estaba desarrollando sería de las épicas, ya que ninguna había sido remando en un lago en una tormenta eléctrica.

Ante las preguntas que me planteaba, pero observando también nuestro buen desempeño y actitud para la situación en la que nos encontrábamos, mi niña interna (quien está muy bien conectada con mi corazón y tiende a tener razón con frecuencia) respondió: porque te gusta, lo disfrutas tanto que te hace sentir viva; además te hace más fuerte.

Como también era de esperarse, el universo me hizo salir de mi nube de pensamientos, al mostrarnos un rayo caer casi al lado de nosotras, el cual estuvo acompañado por un estruendoso trueno que nos hizo saltar. En ese momento tuve que disculparme con el universo por mi comentario anterior y explicarle con mucha suavidad que obviamente respeto mucho a la naturaleza, por lo cual retiraba mis palabras y lamentaba que las interpretara de esa manera.

El trecho final

Por diferentes motivos remamos para acercarnos a la orilla, ahí me sentía más tranquila ya que teníamos a los árboles protegiéndonos de los rayos, en ese lugar las probabilidades de que nosotras fuéramos el punto de conexión a tierra disminuían. Sin embargo, remar cerca de la orilla tiende a presentar otro tipo de retos, por ejemplo: la corriente nos metió en una especie de remolino del cual nos costó un buen rato salir, las olas generadas por la tormenta intentaban voltear el bote y lo llenaban de agua, en un momento dado tuvimos que bajar del bote y asegurarlo por pocos minutos. Estar en ese lugar durante mucho tiempo podría representar que nos alcanzara la noche, y ahí ya la aventura pasaría a un nuevo nivel de intensidad que personalmente evitaría en la medida de mis posibilidades.

Finalmente, luego de varias conversaciones para plantear estrategias de supervivencia retomamos el bote y después de un par de maniobras para liberarnos de las raíces de los manglares y salir de la corriente que nos arrastraba, logramos llegar a nuestro destino de desembarque antes que cayera el sol. Nos reímos, abrazamos y tomamos nuestra correspondiente selfie para dar cierre a la aventura e iniciar la caminata para llegar al puesto de guardaparques.

Tampoco he pedido permiso para publicar la selfie con la investigadora

Así termina esta historia, hubo otras anécdotas que me reservaré para cuando escriba mi libro, de todas formas espero haber creado sonrisas en sus niños (as) internos (as), se les quiere =)

La vez que soñé ser Guardaparques

Hace más de un año, en esos momentos de reflexión en los que buscas visualizar una nueva experiencia, una nueva aventura, me encontré escribiendo que quería ser Guardaparques. Al poco tiempo, en un momento de desesperación donde le pedía al mundo alguna señal para conectarme con algo que me apasionara y que me hiciera sentir que estaba avanzando, me llegó una convocatoria… era tan extraña.

ser-guardaparques

Fue de esas situaciones raras que a menudo me pasan y me hacen muy feliz: solicitaban a un Guardaparques Voluntario para cubrir tareas de comunicación en la Reserva Nacional de Paracas. OBVIAMENTE, en la eterna improvisación, apliqué sin dudarlo y allí estuve aprendiendo a honrar. Lo más extraño de la situación es que se manifestó algo que escribí a modo de juego, sin darle mayor atención o importancia, pero que evidentemente era algo muy deseado por una parte de mi ser.

Esta experiencia me permitió ahondar -aún más- en un mundo al que de cierta manera pertenezco desde pequeña: las áreas protegidas. Ahora no me quedaría a pernoctar por algunas noches en un parque nacional, sino que me quedaría a vivir por algunos meses en una reserva. Oportunidad que además me permitiría explorar en algunas de mis facetas internas, de esas que podrían desconectarse de apegos materiales y sentimentales para vivir con lo más básico, inmersa en la naturaleza.

guardaparques-1

Entonces ahí estaba, viendo transcurrir los días mientras la visión de ser guardaparques me empezaba a cautivar, entendiendo cómo se puede transformar el concepto de familia y de convivencia, cómo pasa desapercibido ante visitantes y turistas todo el trabajo que conlleva cuidar un área protegida y sobretodo el nivel de amor por la naturaleza que se desborda en cada uno de estos seres.

Debo decir que través de innumerables viajes por áreas protegidas he tenido la oportunidad de compartir con la versión humanizada de pingüinos, zarcillos, mapaches, flamencos y pararé de contar. Incluso me he topado con uno que otro Tarzán y alguna Pocahontas.

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En fin, seres increíbles cuyo trabajo debe ser respetado y reconocido por ser los guardianes de nuestros lugares de ensueño. Gracias a todos ellos por tan hermosa labor.

 

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